El peronismo no se asentó en nuestra Patria para dar explicaciones racionales a los satisfechos, sino para atender, antes que nada, las necesidades básicas de los necesitados. Así, al reconocerlos en lo más hondo de su condición humana, los hizo participar de los bienes de una civilización que ellos creaban. Los liberó de la esclavitud de sus privaciones, y les reconoció el derecho a ser felices. Por eso, los dignificó y su adoctrinamiento no fue más que ése: los hizo artífices de su propio destino.

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